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Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante
contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo
Jehová. Isa. 54: 17.

La gran apostasía, que se desarrolla e incrementa en forma creciente. . . continuará así
hasta que el Señor descienda del cielo con aclamación. Debemos aferrarnos a los principios
originales de nuestra fe denominacional y avanzar con fortaleza y fe crecientes. Debemos
atesorar la fe sustentada por el Santo Espíritu de Dios desde los primeros acontecimientos de
nuestra experiencia hasta el tiempo presente. Necesitamos ahora una fe que aliente, que sea más
profunda, más ferviente e inconmovible en la conducción del Espíritu Santo. Si al comienzo
necesitábamos la prueba manifiesta del poder del Espíritu Santo para confirmar la verdad, hoy,
con el paso del tiempo, necesitarnos toda la evidencia en la confirmación de la verdad, más aun
cuando vemos que las almas se apartan de la fe y prestan oído a espíritus seductores y a doctrinas
de demonios. Las almas no deben languidecer ahora.
Si hubo alguna vez un tiempo cuando necesitábamos el poder del Espíritu Santo en
nuestros sermones, en nuestras oraciones y en cada acción, ese tiempo es ahora. No debemos
estancarnos en nuestra primera experiencia, sino que, mientras llevamos el mismo mensaje a la
gente, éste debe fortalecerse y agrandarse. Debemos ver y captar la importancia del mensaje
respaldado por su origen divino. Debemos avanzar en el conocimiento del Señor y saber que su
salida está aparejada como el alba. Nuestras almas necesitan vivificarse en la Fuente de todo
poder. Somos fortalecidos y confirmados por la experiencia pasada que nos mantiene aferrados a
los puntos esenciales de la verdad que nos han hecho lo que somos.
Los últimos cincuenta años, [esto fue escrito en 1905] no han empañado ni una jota ni un
principio de nuestra fe tal como la recibimos, con las grandes y maravillosas evidencias que nos
dieron seguridad en 1844, después de transcurrida la fecha. Las almas que languidecen deben ser
afianzadas y vivificadas por la Palabra de Dios. . . Ni una sola palabra ha sido cambiada o
anulada. Lo que el Espíritu Santo testificó que era la verdad después de transcurrida la fecha del
gran chasco, es el fundamento sólido de la verdad. Fueron revelados los pilares de la verdad y
aceptamos los principios fundamentales que han hecho de nosotros lo que somos: adventistas del
séptimo día, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús.
¿No ardían los corazones de los discípulos cuando Jesús les hablaba por el camino y les
abría las Escrituras? ¿No nos ha abierto el Señor Jesús las Escrituras y nos ha presentado cosas
que habían sido mantenidas en secreto desde la fundación del mundo? (Carta 326, del 4 de
diciembre de 1905, dirigida a W. C. White). 351

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