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Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque
vuestra redención está cerca. Luc. 21: 28.

Debemos estar más cerca de Dios. En nuestra vida diaria debiera manifestarse más de
Cristo y de su gracia, y menos del yo. Vivimos en un período importante de la historia. El fin de
todas las cosas está cerca; las arenas del tiempo se escurren rápidamente; pronto se oirá en el
cielo: "Consumado es" "El que es santo, santifíquese todavía"; "y el que es inmundo, sea
inmundo todavía"(Apoc. 21: 5; 22: 11). . .
Como pueblo, limpiemos nuestras filas de la contaminación moral y de los pecados que
agravian. Cuando el pecado hace avances sobre el pueblo que pretende elevar la norma moral de
la justicia, ¿cómo podemos esperar que Dios manifieste su poder en nuestro favor y nos salve
como si practicáramos la justicia?
Toda la sagacidad del mundo no podrá librarnos del terrible zarandeo, ni los esfuerzos
que se hagan con altas autoridades quitarán de nosotros el castigo de Dios, precisamente porque
hay pecados acariciados. Si como pueblo no nos mantenemos en la fe, si sólo abogamos con la
pluma y con la voz en favor de los mandamientos de Dios pero no los guardamos, violando
premeditadamente algunos de ellos, la debilidad y la ruina vendrán sobre nosotros. Esta es una
obra que debemos realizar en todas nuestras iglesias. Cada hombre debe ser un cristiano. . .
Satanás realizará milagros para engañar; exhibirá su poder supremo. Podrá parecer que la
iglesia está a punto de caer. Permanecerá, pero los pecadores que haya en Sión serán echados
fuera al ser separada la paja del precioso trigo. Será una prueba terrible, pero debe ocurrir. Nadie,
excepto los que hayan vencido mediante la sangre del Cordero y la Palabra de su testimonio, se
encontrará entre los leales y veraces, sin mancha ni contaminación de pecado, sin engaño en su
boca. Debemos despojarnos de nuestra justicia propia y ataviarnos con la de Cristo.
El remanente que purifique sus almas por la obediencia a la verdad se fortalecerá
mediante este proceso de prueba, y mostrará la belleza de la santidad en medio de la apostasía.
Cristo les dice: "En las palmas de las manos te tengo esculpida" (Isa. 49: 16). Su memoria será
eterna. Ahora necesitamos fe, una fe viviente. . .
Queridos hermanos, el Señor viene. Eleven sus pensamientos, levanten sus cabezas y
regocíjense. Oh, pensaríamos que quienes escuchan las nuevas y pretenden amar a Jesús, estarían
llenos de un gozo inexpresable, pleno de gloria. Esta es la buena y gozosa noticia que debiera
inflamar cada alma, que debiera repetirse en nuestros hogares y contarse a aquellos con quienes
nos encontramos (Carta 55, del 8 de diciembre de 1866, dirigida a G. l. Butler, presidente de la
Asociación General, y a S. N. Haskell, un obrero destacado). 355

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