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Tuyos son los cielos tuya también la tierra; el mundo y su plenitud, tú lo fundaste. Sal.
89: 11.

[Muchos en este mundo] están demostrando ser deshonestos al tratar con la propiedad de
Dios. No aman la verdad. Se apartan de la justicia de Cristo y cumplen sólo la letra de la ley de
Dios, especialmente en relación con el mandamiento del sábado. El corazón del Salvador se
apena por su conducta. Anhela salvar a toda alma que ha comprado. ¡Oh, si los hombres pudieran
comprender esto y se pusieran en conexión con el gran Artífice Maestro!
Pronto el Señor vendrá a la tierra con poder y grande gloria, y la obra que debemos hacer
ahora esta bosquejada en el capítulo 58 de Isaías. ¿Quién está haciendo esta obra? ¿Quién está
edificando los altares del Señor? ¿Quién está preparando a la gente para el gran día de Dios?
Ahora, precisamente ahora, todo el que pretende ser hijo de Dios debiera traer de sus medios a la
tesorería del Señor, a fin de que haya una provisión de la cual extraer medios para proveer a los
obreros de lo necesario para entrar en nuevos lugares a fin de presentar la verdad a los que nunca
la han oído. No debe haber escasez en la tesorería del Señor. Es de su tesoro de donde Dios
suple todas nuestras necesidades. ¿Seremos solamente consumidores? ¿No debiéramos ser
productores, dando de nuestros medios a fin de que la verdad pueda ser presentada a mucha gente
que reconocerá el mensaje y devolverá, a su vez, a Dios lo que le pertenece, constituyéndose así
en productores?. . .
No debemos recibir solamente los dones de Dios. Con un sentido pleno de nuestra
responsabilidad debemos devolverle lo que es suyo, a fin de que haya abundancia de medios en
su tesorería para el avance de su obra, una abundancia de la cual sus obreros pueden extraer lo
necesario para llevar el mensaje de ciudad en ciudad, y de país en país. Debiera proveerse a los
abnegados obreros de Dios con los medios suficientes para hacer de su obra un éxito. . .
"De Jehová es la tierra y su plenitud" (Sal. 24: l). Este mundo es el almacén del Señor,
del cual estamos extrayendo constantemente. El ha provisto frutas, cereales y vegetales para
nuestro mantenimiento. Por nosotros hace que el sol brille y que caiga la lluvia. . . Toda la
familia humana, tanto los buenos como los malos, están extrayendo constantemente del almacén
de Dios. Muy diferente es la forma como aquellos que son tan altamente favorecidos reciben los
dones del Señor y cumplen el pacto que Dios hizo con ellos. Los hizo sus administradores,
indicándoles que extrajeran de su almacén para producir, y que luego le devolvieran en dones y
ofrendas, para que "haya alimento en mi casa" (Mal. 3: 10) (Manuscrito 73, del 12 de diciembre
de 1900, "Traed una ofrenda al Señor"). 359

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