Menu

portada

portada
 


 Los jóvenes deberían tener ideas amplias, planes sabios, para sacar el mayor provecho de sus oportunidades e imbuirse de la inspiración y el valor que animaban a los apóstoles. Juan dice: "Os he escrito a  vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno".* Se presenta a los jóvenes una norma elevada, y Dios los invita a emprender un verdadero servicio por él. Los jóvenes de corazón recto que se deleitan en aprender en la escuela de Cristo, pueden hacer una gran obra por el Maestro si tan sólo quieren prestar oído a la orden del Capitán, tal como ha resonado a lo largo de las filas hasta nuestro tiempo: "Portaos varonilmente, y esforzaos".* Habéis de ser hombres que anden humildemente con Dios, que permanezcan delante de él con la virilidad por él impartida, libres de impureza, libres de toda contaminación, de la sensualidad que corrompe a esta época. Habéis de ser hombres que desprecien toda falsedad y maldad, que se atrevan a ser veraces y valientes, que mantengan en alto el estandarte ensangrentado del Príncipe Emanuel. Vuestros talentos aumentarán a medida que los uséis para el Maestro y serán considerados preciosos por Aquel que los compró a un precio infinito. No os sentéis ni dejéis de hacer algo simplemente por no poder hacer algo grande; antes bien, haced todo lo que os viniere a la mano para hacer, en forma cuidadosa y enérgica... 

EL LLAMADO A ALISTARSE

Cristo pide voluntarios que se alisten bajo su estandarte y sostengan ante el mundo la bandera de la cruz. La iglesia languidece por falta de la ayuda de jóvenes que den un testimonio valiente, que con celo ardoroso aticen las indolentes energías del pueblo de Dios, y aumenten así el poder de la iglesia en el mundo. Se necesitan jóvenes que resistan la marea de la mundanalidad y eleven una voz de advertencia contra los primeros pasos de la inmoralidad y el vicio.  Pero los jóvenes que quieren servir a Dios y entregarse a su obra, deben primero limpiar el templo de su alma de toda impureza y entronizar a Cristo en el corazón; entonces estarán habilitados para poner energía en su esfuerzo cristiano y manifestarán celo entusiasta para persuadir a los hombres a reconciliarse con Cristo. ¿No quieren los jóvenes responder a la invitación de Cristo y contestar: "Heme aquí, envíame a mí"?* Jóvenes, poneos resueltamente a la vanguardia, y mostraos como colaboradores de Cristo, emprendiendo la obra donde él la dejó, para llevarla a su terminación (Review and Herald, junio 16, 1891)

Publicar un comentario

 
Top