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SE EMPLEABA la música con un propósito santo, para elevar los pensamientos hacia aquello que es puro, noble y enaltecedor, y para despertar en el alma la devoción y la gratitud hacia Dios. ¡Cuánto contraste hay entre la antigua costumbre y los usos que con frecuencia se le da hoy a la música! ¡Cuántos son los que emplean este don especial para ensalzarse a sí mismos, en lugar de usarlo para glorificar a Dios! El amor a la música conduce a los incautos a participar con los amantes de lo mundano en las reuniones de placer donde Dios prohibió a sus hijos que fueran. Así lo que es una grande bendición cuando se lo usa correctamente se convierte en uno de los medios más certeramente empleados por Satanás para desviar la mente del deber y de la contemplación de las cosas eternas. La música forma parte del culto tributado a Dios en los atrios celestiales, y en nuestros cánticos de alabanza debiéramos procurar aproximarnos tanto como sea posible a la armonía de los coros celestiales. La educación apropiada de la voz es un rasgo importante en la preparación general, y no debe descuidarse (Patriarcas y profetas, págs. 644, 645). UN TALENTO DE INFLUENCIA Hay quienes tienen el talento especial del canto, y a veces el canto individual o en coro suele ser el medio de dar un mensaje especial. Pero rara vez debe 292 recurrirse al canto de unos pocos. La habilidad del canto es un talento de influencia que Dios desea que sea cultivado por todos y usado para gloria de su nombre (Testimonies, tomo 7, págs. 115, 116). A

TONO CON LOS MÚSICOS CELESTIALES

Cuando los seres humanos cantan con el espíritu y el entendimiento, los músicos celestiales recogen el acorde y se unen en el canto de acción de gracias. Aquel que nos ha otorgado todos los dones que nos habilitan para ser obreros juntamente con Dios espera que sus siervos cultiven sus voces para que puedan hablar y cantar en forma que todos entiendan. No se necesita cantar fuerte, sino con entonación
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clara, pronunciación correcta y dicción distinta. Dediquen todos tiempo al cultivo de la voz para que la alabanza a Dios pueda ser cantada en tonos suaves, claros, y no con un tono chillón o rudo que ofenda el oído. La habilidad para cantar es don de Dios; usadla para su gloria. En las reuniones que se realicen, escójase cierto número de personas para que participe en el servicio de canto. Y sea acompañado el canto con instrumentos musicales hábilmente tocados. No nos hemos de oponer al uso de la música instrumental en nuestra obra. Esta parte del culto debe ser cuidadosamente dirigida, pues, es la alabanza a Dios por medio del canto. No siempre ha de ser practicado el canto por unos pocos. Con la frecuencia posible, debe cantar toda la congregación (Testimonies, tomo 9, págs. 143, 144). DIOS ES GLORIFICADO POR LOS CANTOS Dios es glorificado por los cantos de alabanza de un corazón puro, lleno de amor y devoción a él (Testimonies, tomo 1, pág. 509). 293

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