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 TENEIS a vuestro alcance algo más que posibilidades finitas. Un hombre, según Dios aplica el término, es un hijo de Dios. "Ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro". * Es un privilegio vuestro apartaros de lo vulgar e inferior y elevaros a una alta norma, a ser respetados por los hombres y amados por Dios. La obra religiosa que el Señor da a los jóvenes y a los hombres de todas las edades, muestra la consideración que les tiene como hijos suyos. Les da el trabajo de gobernarse a sí mismos. Los llama a ser participantes con él en la gran obra de la redención y elevación de la humanidad. Así como un padre hace a su hijo socio suyo en su negocio, el Señor hace socios suyos a sus hijos. Somos hechos colaboradores de Dios. Jesús dice: "Como tú me enviaste al mundo, también los he enviado al mundo".* ¿No escogeríais más bien ser hijos de Dios que siervos de Satanás y del pecado, teniendo el nombre registrado como enemigos de Cristo? Los jóvenes necesitan más de la gracia de Cristo para practicar los principios del cristianismo en la vida diaria. La preparación para la venida de Cristo es una preparación hecha mediante Cristo, para ejercitar nuestras más elevadas cualidades. Es privilegio 45 de cada joven hacer de su carácter una hermosa estructura. Pero hay una necesidad positiva de mantenerse allegado a Jesús. El es nuestra fuerza, eficiencia y poder. Ni por un momento podemos depender de nosotros mismos ... 

HACIA ALTURAS CADA VEZ MAYORES

Por grandes o pequeños que sean vuestros talentos, recordad que lo que tenéis es vuestro, pero que sólo lo tenéis en custodia. Dios os prueba así, dándoos oportunidad de mostraros fieles. Le sois deudores por todas vuestras aptitudes. Vuestras facultades del cuerpo, la mente y el alma le pertenecen, y habéis de usarlas para él. Ante Aquel que lo da todo debéis rendir cuenta de vuestro tiempo,
vuestra influencia, vuestras aptitudes, vuestra habilidad. Aquel que por esfuerzos fervientes trata de llevar a cabo el gran plan del Señor para elevar a la humanidad, es el que mejor usa sus dones. Perseverad en la obra que habéis empezado hasta ganar victoria tras victoria. Educaos para un fin. Tened en vista la más elevada norma para que podáis realizar cada vez mayor bien, reflejando así la gloria de Dios (Youth's Instructor, enero 25, 1910). 48

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