Menu

portada

portada
 


¿Podemos Comunicarnos con Dios?
DIOS nos habla por la naturaleza y por la revelación, por su providencia y por la influencia de su Espíritu.
Pero esto no es suficiente, necesitamos abrirle nuestro corazón. Para tener vida y energía espirituales debemos
tener verdadero intercambio con nuestro Padre celestial. Puede ser nuestra mente atraída hacia él; podemos
meditar en sus obras, sus misericordias, sus bendiciones; pero esto no es, en el sentido pleno de la palabra,
estar en comunión con él. Para ponernos en comunión con Dios, debemos tener algo que decirle tocante a
nuestra vida real.
Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo. No es que se necesite esto para que Dios
sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirlo. La oración no baja a Dios hasta nosotros, antes
bien nos eleva a él.
Cuando Jesús estuvo sobre la tierra, enseñó a sus discípulos a orar. Les enseñó a presentar Dios sus
necesidades diarias y a echar toda su solicitud sobre él. Y la seguridad que les dio de que sus oraciones serían
oídas, nos es dada también a nosotros.
Jesús mismo, cuando habitó entre los hombres, oraba frecuentemente. Nuestro Salvador  se identificó con
nuestras necesidades y flaquezas convirtiéndose en un suplicante que imploraba de su Padre nueva provisión
de fuerza, para avanzar fortalecido para el deber y la prueba. El es nuestro ejemplo en todas las cosas. Es un
hermano en nuestras debilidades, "tentado en todo así como nosotros", pero como ser inmaculado, rehuyó el
mal; sufrió las luchas y torturas de alma de un mundo de pecado. Como humano, la oración fue para él una
necesidad y un privilegio. Encontraba consuelo y gozo en estar en comunión con su Padre. Y si el Salvador de
los hombres, el Hijo de Dios, sintió la necesidad de orar, ¡cuánto más nosotros, débiles mortales, manchados
por el pecado, no debemos sentir la necesidad de orar con fervor y constancia!
Nuestro Padre celestial está esperando para derramar sobre nosotros la plenitud de sus bendiciones. Es
privilegio nuestro beber abundantemente en la fuente de amor infinito. ¡Qué extraño que oremos tan poco!
Dios está pronto y dispuesto a oír la oración sincera del más humilde de sus hijos y, sin embargo, hay de
nuestra parte mucha cavilación para presentar nuestras necesidades delante de Dios. ¿Qué pueden pensar los
ángeles del cielo de los pobres y desvalidos seres humanos, que están sujetos a la tentación, cuando el gran
Dios lleno de infinito amor se compadece de ellos y está pronto para darles más de lo que pueden pedir o
pensar y que, sin embargo, oran tan poco y tienen tan poca fe? Los ángeles se deleitan en postrarse delante de
Dios, se deleitan en estar cerca de él. Es su mayor delicia estar en comunión  con Dios; y con todo, los hijos
de los hombres, que tanto necesitan la ayuda que Dios solamente puede dar, parecen satisfechos andando sin
la luz del Espíritu ni la compañía de su presencia.

      Camino a Cristo cap. 11

Publicar un comentario

 
Top