Menu

portada

portada
 



Vivimos en un mundo que se opone a la justicia y la pureza del carácter, y especialmente a la acción de
crecer en la gracia. Hacia dondequiera que se mire, se ve contaminación y corrupción, deformidad y pecado.
¡Cuánta diferencia hay entre todo esto y la obra que debe cumplirse en nosotros justamente antes de recibir el
don de la inmortalidad! En estos últimos días los elegidos de Dios deben mantenerse sin mancha en medio
de las corrupciones que pululan alrededor de ellos. Si se ha de realizar esta obra, necesita comenzarse de
inmediato, inteligentemente y con fervor. El Espíritu de Dios debe tener un control perfecto, e influir sobre
cada acción.
La reforma de la salud es uno de los aspectos de la gran obra destinada a preparar un pueblo para la venida
del Señor. Se encuentra tan estrechamente unida con el mensaje del tercer ángel como lo está la mano con el
cuerpo. Los seres humanos han considerado livianamente la ley de los Diez Mandamientos; sin embargo el
Señor no vendrá a castigar a los transgresores de su ley sin enviarles primero un mensaje de amonestación.
Los hombres y las mujeres no pueden violar las leyes naturales mediante la complacencia de sus apetitos
depravados y pasiones carnales, sin violar la ley de Dios. Por eso él ha permitido que brille sobre nosotros la
reforma de la salud para que podamos comprender la pecaminosidad de quebrantar las leyes que él mismo
ha establecido en nuestro propio ser.

Publicar un comentario

 
Top