Jesùs nos invita a Orar
El
Señor nos da el privilegio de buscarlo en forma individual en oración
ferviente, o de descargar el alma ante él, sin ocultar nada a Aquel que
nos ha invitado: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados,
y yo os haré descansar”. ¡Oh, cuán agradecidos debemos sentirnos de que
Jesús esté dispuesto a llevar todas nuestras dolencias, y lo puede
hacer, fortaleciéndonos y sanando todas nuestras enfermedades .!—El Ministerio Médico, 20.
“Venid a mí”, es su invitación. Cualesquiera que sean nuestras ansiedades y pruebas, presentemos nuestro caso ante el Señor.—El Deseado de Todas las Gentes, 296.
Presentemos a Jesùs todas nuestras necesidades
Son
pocos los que aprecian el precioso privilegio
de la oración. Podemos presentarle nuestras pequeñas cuitas y
perplejidades, como también nuestras dificultades mayores. Debemos
llevar al Señor en oración cualquier cosa que se suscite para
perturbarnos o angustiarnos: Cuando sintamos que necesitamos la
presencia de Cristo a cada paso, Satanás tendrá poca oportunidad de
introducir sus tentaciones. Su estudiado esfuerzo consiste en apartarnos
de nuestro mejor Amigo, el que más simpatiza con nosotros. A nadie,
fuera de Jesús, debiéramos hacer confidente nuestro. Podemos comunicarle
con seguridad todo lo que está en nuestro corazón.—Joyas de los Testimonios 2:60.

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